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Gran Logia del Departamento de Antioquia

Medellín, Antioquia, Colombia

Hablar de Masonería en Medellín y Antioquia es hablar también de una tradición que ha atravesado distintas épocas de la historia, ha conocido momentos de expansión y dificultades, y ha mantenido una presencia vinculada a la formación del individuo, la fraternidad, el estudio y el servicio.

En una ciudad como Medellín, marcada por una fuerte identidad cultural y por una historia de instituciones, asociaciones, sociedades y espacios de formación que han contribuido a su desarrollo, la Masonería ocupa un lugar particular. No se trata solamente de una organización que reúne hombres alrededor de un ritual. Para quienes la practican dentro de la tradición masónica, la Logia es también un espacio de trabajo personal, estudio, convivencia fraternal y búsqueda permanente de perfeccionamiento.

La Gran Logia del Departamento de Antioquia, con sede en Medellín, se identifica públicamente con una concepción tradicional de la Masonería y fundamenta su identidad en principios históricos de la institución, entre ellos los Landmarks, las antiguas Constituciones de Anderson y la práctica de la Masonería simbólica. Su historia institucional registra la creación de la Gran Logia del Departamento de Antioquia el 16 de diciembre de 1934, después de la constitución de las Logias Fiat Lux y Victoria. [1]

Comprender esa trayectoria exige mirar más allá de las discusiones circunstanciales. La Masonería que hoy se encuentra en Medellín no apareció de manera aislada ni puede entenderse únicamente desde el presente. Forma parte de una tradición internacional que fue adquiriendo forma institucional durante los siglos XVIII y XIX y que encontró posteriormente expresiones propias en América y en Colombia.

Una tradición que nació alrededor de la idea de perfeccionamiento

La Masonería moderna se desarrolló en Europa durante un período de profundas transformaciones intelectuales. Uno de los documentos fundamentales para comprender ese proceso son las Constituciones de los Francmasones publicadas en 1723, compiladas por James Anderson.

La importancia histórica de las Constituciones de 1723 no reside únicamente en su antigüedad. El documento estableció Charges y Regulations destinados a orientar la conducta de los masones y el funcionamiento de las Logias y de la Gran Logia. La United Grand Lodge of England ha destacado su influencia en la evolución de la Masonería moderna y su relación con principios como la tolerancia religiosa, el mérito, la educación, la convivencia civilizada y el perfeccionamiento personal. [2]

Su publicación coincidió con un momento de transformación de la sociedad europea. La Masonería comenzó a desarrollar una estructura asociativa que daba importancia a las reglas, a la elección de autoridades, a la responsabilidad de los miembros y a la formación moral e intelectual.

La Masonería tradicional no puede comprenderse, por tanto, como una simple reunión social. Desde sus primeros desarrollos institucionales modernos existió una preocupación por establecer normas, conservar una tradición y formar al individuo dentro de determinados principios de conducta.

Ese elemento continúa siendo fundamental para quienes entienden la Masonería como una institución iniciática y filosófica.

¿Qué significa Masonería Tradicional?

La expresión Masonería Tradicional puede utilizarse en contextos diferentes y no existe una única definición universal que abarque todas las obediencias masónicas existentes en el mundo.

En el caso de la Gran Logia del Departamento de Antioquia, la expresión corresponde a una identidad institucional concreta: una Masonería que reivindica la continuidad de principios y usos tradicionales, el respeto por los antiguos Landmarks, las Constituciones de Anderson, la Masonería simbólica y una concepción de la Logia como espacio de formación y perfeccionamiento.

La tradición no significa permanecer inmóvil.

Una institución tradicional puede conservar principios antiguos y, al mismo tiempo, desenvolverse en una sociedad contemporánea. Precisamente ahí aparece uno de los desafíos más interesantes de la Masonería: conservar aquello que considera esencial sin convertir la tradición en una pieza de museo.

La tradición masónica se expresa en símbolos, rituales, formas de organización, lenguaje, ceremonias, normas de conducta y una determinada concepción del trabajo del masón.

Pero existe algo todavía más importante: la tradición se transmite mediante la práctica.

Una Constitución puede conservarse durante siglos. Un Landmark puede ser estudiado por generaciones. Un ritual puede permanecer cuidadosamente custodiado. Sin embargo, ninguna de esas cosas tiene verdadero sentido si quienes las reciben no comprenden la responsabilidad que implica transmitirlas.

Los Landmarks y la continuidad de la tradición

Los llamados Landmarks de la Masonería ocupan un lugar especial dentro de las discusiones sobre tradición masónica.

Su historia es compleja y existen distintas recopilaciones y formulaciones según las jurisdicciones. Por esa razón, no resulta adecuado presentar una lista particular como si fuera universalmente aceptada por todas las Grandes Logias del mundo.

Lo que sí puede afirmarse es que la idea de los antiguos Landmarks está relacionada con la conservación de características fundamentales de la Masonería y con la continuidad de sus usos y costumbres.

La propia normativa contemporánea de la United Grand Lodge of England incluye, entre sus principios para el reconocimiento de Grandes Logias, la observancia de los antiguos Landmarks, costumbres y usos de la Masonería. [3]

Para una Masonería que se reconoce tradicional, la cuestión no consiste solamente en repetir la palabra “Landmark”. Consiste en preguntarse qué principios deben permanecer estables para que una institución pueda seguir considerándose heredera de una determinada tradición.

Esa pregunta exige estudio, prudencia y conocimiento histórico.

Anderson y la formación de la Masonería moderna

Las Constituciones de Anderson constituyen uno de los puntos de referencia imprescindibles para estudiar la Masonería moderna.

La edición de 1723 contenía una historia tradicional de la Masonería, los llamados Charges, regulaciones para el gobierno de la organización y otros elementos propios de la cultura masónica de la época. Las ediciones posteriores y la expansión de estas ideas contribuyeron a que el modelo institucional de la Masonería se difundiera por diferentes territorios. [2]

La importancia de Anderson, por ello, no debe reducirse a una frase o a una cita aislada.

Su verdadero interés está en estudiar el proceso mediante el cual la Masonería pasó a contar con normas escritas, estructuras de gobierno y principios de conducta que ayudaron a configurar la Masonería especulativa moderna.

En 1723 se encuentra, además, una idea particularmente relevante para cualquier institución que aspire a permanecer en el tiempo: la importancia de establecer reglas y transmitirlas de una generación a otra.

Una organización puede tener miembros destacados durante un período determinado. Lo verdaderamente difícil es construir una tradición capaz de sobrevivir a sus protagonistas.

La Masonería y el carácter

La Masonería tradicional concede especial importancia al trabajo sobre uno mismo.

El iniciado no recibe la promesa de convertirse automáticamente en un hombre mejor por el simple hecho de ingresar a una Logia. La iniciación representa, más bien, el comienzo de un camino.

La simbología masónica utiliza herramientas del oficio de la construcción para expresar conceptos relacionados con la conducta y el perfeccionamiento personal. La piedra, la escuadra, el compás, el nivel, la plomada y otros símbolos adquieren así un sentido moral y filosófico.

La idea es sencilla, aunque llevarla a la práctica no lo sea:

el hombre debe trabajar sobre sí mismo.

Debe examinar sus palabras, sus decisiones, sus prejuicios, sus responsabilidades y su relación con los demás.

La Masonería no puede sustituir la conciencia individual. Tampoco pretende eliminar las diferencias naturales entre los hombres. Su propósito tradicional consiste en proporcionar un método simbólico y fraternal para que cada iniciado emprenda su propio trabajo.

Por eso, una Masonería que aspire a conservar su tradición necesita algo más que ceremonias.

Necesita masones que estudien.

Masonería y conocimiento

Una de las características históricas más interesantes de la Masonería moderna es su relación con la educación y el conocimiento.

La United Grand Lodge of England señala que las Constituciones de 1723 estuvieron vinculadas a principios de educación científica y artística, formación personal y búsqueda del perfeccionamiento. [2]

En el presente, ese principio puede adquirir una dimensión especialmente importante.

La Masonería en Medellín tiene la posibilidad de participar en conversaciones culturales sobre historia, filosofía, patrimonio, ética, literatura, arquitectura, simbolismo y pensamiento.

No necesita abandonar su naturaleza para hacerlo.

Por el contrario, puede fortalecerla.

Una institución que estudia su propia historia está mejor preparada para conservarla. Una institución que conoce el contexto de sus símbolos puede explicarlos con mayor profundidad. Y una institución que forma a sus miembros puede transmitir su tradición con mayor responsabilidad.

La Masonería en Medellín y Antioquia

La historia de la Masonería en Antioquia forma parte de una historia colombiana más amplia.

La documentación institucional de la Gran Logia del Departamento de Antioquia sitúa en 1934 uno de sus momentos fundacionales más importantes. El 12 de diciembre de ese año fueron constituidas las Logias Fiat Lux y Victoria, con cartas patentes expedidas por la Gran Logia Nacional de Colombia con sede en Bogotá. Cuatro días después, el 16 de diciembre de 1934, se produjo la creación de la Gran Logia del Departamento de Antioquia con sede en Medellín. [1]

Este proceso ocurrió dentro de una realidad masónica colombiana que había experimentado previamente divisiones jurisdiccionales y reorganizaciones.

La propia documentación histórica de la Gran Logia de Antioquia explica ese contexto y permite comprender que la historia de la Masonería en Colombia no ha sido lineal. Como ocurre con muchas instituciones de larga duración, ha conocido períodos de crecimiento, reorganización, cambios y dificultades.

Ese dato histórico merece ser entendido sin dramatismo.

La existencia de diferentes corrientes, obediencias y estructuras dentro de la Masonería forma parte de la historia de la institución en distintos países. Incluso en la propia Inglaterra del siglo XVIII existió una rivalidad entre la denominada Grand Lodge de los “Moderns” y la Grand Lodge de los “Antients”, antes de la unión de 1813 que condujo a la formación de la United Grand Lodge of England. [4]

La historia enseña, por tanto, que las instituciones masónicas han conocido diferencias y controversias. También enseña que la permanencia institucional depende, en buena medida, de la capacidad de conservar principios, organizarse y transmitir una tradición.

Una tradición antioqueña

Hablar de Masonería en Antioquia supone también reconocer el contexto social y cultural en el que se desarrolla.

Antioquia posee una identidad histórica marcada por el trabajo, el comercio, la educación, la iniciativa empresarial, la vida asociativa y una particular cultura regional. Medellín, a su vez, se transformó profundamente durante los siglos XIX y XX hasta convertirse en uno de los principales centros urbanos de Colombia.

La Masonería desarrolló su actividad dentro de esa sociedad.

No debe confundirse, sin embargo, la historia general de Antioquia con la historia específica de la Masonería. Una investigación seria debe distinguir entre hechos documentados, tradición institucional e interpretaciones posteriores.

Ese cuidado es especialmente importante cuando se habla de una institución cuya historia todavía merece mayor investigación académica.

La documentación masónica, los archivos históricos, las publicaciones de época y los estudios universitarios constituyen fuentes esenciales para reconstruir ese pasado.

En Colombia existen trabajos académicos que han estudiado la Masonería desde perspectivas históricas y sociales. La revista HiSTOReLo, vinculada a la Universidad Nacional de Colombia, por ejemplo, ha publicado investigaciones sobre Masonería en Colombia y su relación con fenómenos de poder, política, sociabilidad y civilidad. [5]

Ese tipo de investigaciones demuestra que la Masonería puede ser estudiada como fenómeno histórico y social sin reducirla a estereotipos ni a explicaciones simplistas.

La Masonería como espacio de fraternidad

Existe una palabra que probablemente explique mejor que ninguna otra el sentido cotidiano de una Logia:

fraternidad.

La Masonería tradicional no reúne personas idénticas.

Reúne hombres con historias, profesiones, edades, experiencias y opiniones diferentes, unidos por una forma particular de entender el trabajo masónico.

La fraternidad no significa ausencia de diferencias.

Significa aprender a convivir con ellas.

Por eso la Masonería concede tanta importancia al respeto, a la palabra, a la prudencia y al comportamiento dentro de la Logia.

Una institución fraternal no se mide solamente por el número de sus miembros. También se mide por la calidad de las relaciones que logra construir entre ellos.

La fraternidad, además, no debería quedar encerrada entre las paredes del Templo.

Una de las expresiones tradicionales de la Masonería es el servicio. La propia United Grand Lodge of England presenta actualmente el servicio como uno de los principios centrales de la vida masónica. [6]

En ese sentido, una Masonería activa no necesita proclamar permanentemente su utilidad.

Puede demostrarla mediante sus obras.

Masonería y sociedad

Durante mucho tiempo la Masonería ha despertado curiosidad precisamente por su carácter reservado.

Esa reserva tiene una explicación histórica y ritual. Sin embargo, reserva no significa indiferencia frente a la sociedad.

Una institución puede preservar determinados aspectos de su vida interna y, al mismo tiempo, explicar públicamente su historia, sus principios y sus actividades.

Ese equilibrio resulta especialmente importante en la época actual.

Internet ha transformado completamente la forma en que las personas conocen una organización. Antes de acercarse personalmente a una institución, una persona probablemente buscará información en Google, revisará su página web, observará sus redes sociales y leerá lo que otros han publicado sobre ella.

La primera impresión ya no se produce necesariamente en una sede.

Muchas veces se produce en una pantalla.

Por eso una Gran Logia que aspire a preservar su tradición también debe cuidar la forma en que esa tradición se presenta públicamente.

Una Masonería tradicional en una ciudad contemporánea

Medellín es una ciudad diferente a la de hace cien años.

La forma de comunicarse cambió. La educación cambió. La tecnología cambió. Las relaciones sociales cambiaron.

Pero algunas preguntas humanas permanecen.

¿Qué significa actuar correctamente?

¿Cómo puede un hombre conocerse mejor?

¿Qué responsabilidad tiene frente a sus semejantes?

¿Cómo construir una vida con propósito?

¿Qué significa la fraternidad?

¿Qué debe conservar una institución para no perder su identidad?

Estas preguntas explican, en parte, por qué una tradición iniciática puede continuar teniendo significado en una sociedad moderna.

La Masonería Tradicional no necesita competir con la modernidad.

Necesita saber qué parte de su tradición es esencial y transmitirla con inteligencia a las nuevas generaciones.

La Gran Logia del Departamento de Antioquia y su compromiso con la tradición

La Gran Logia del Departamento de Antioquia se presenta como una institución comprometida con una concepción tradicional de la Masonería y con la conservación de sus principios fundamentales.

Su historia institucional forma parte de la historia masónica de Antioquia y, particularmente, de Medellín.

Ese patrimonio no pertenece exclusivamente a una generación.

Cada generación de masones recibe una tradición que no creó y que, por esa misma razón, tiene la responsabilidad de estudiar, comprender y transmitir.

La tarea no consiste únicamente en conservar documentos antiguos.

Consiste en conservar el espíritu de aquello que esos documentos representan.

Una tradición permanece viva cuando sus miembros la conocen, la practican y son capaces de explicarla con serenidad.

El futuro de la Masonería en Antioquia

El futuro de la Masonería en Medellín no debería medirse únicamente por el crecimiento de sus redes sociales o por la cantidad de personas que conocen su nombre.

Debe medirse también por la calidad de sus miembros, la formación que reciben, la fraternidad que construyen, el conocimiento que producen y el servicio que prestan.

La presencia digital es importante. La reputación es importante. La comunicación pública es importante.

Pero ninguna estrategia de comunicación puede sustituir el trabajo interno.

Una página web puede explicar una tradición.

Una Logia debe vivirla.

Un artículo puede despertar curiosidad.

El estudio debe convertir esa curiosidad en conocimiento.

Una fotografía puede mostrar una actividad.

La fraternidad debe darle significado.

Ese es probablemente el desafío más interesante para la Masonería Tradicional en Antioquia durante los próximos años: hacer compatible la profundidad de una tradición centenaria con las exigencias de una sociedad que cambia rápidamente.

Una tradición que continúa

La Masonería en Medellín y Antioquia forma parte de una historia mucho más amplia que cualquier coyuntura.

Desde las transformaciones que dieron forma a la Masonería moderna hasta la publicación de las Constituciones de 1723; desde la expansión de las Grandes Logias por Europa y América hasta el desarrollo de las instituciones masónicas colombianas; desde la historia de las primeras Logias antioqueñas hasta la actividad contemporánea de la Gran Logia del Departamento de Antioquia, existe un hilo común: la voluntad de conservar una tradición y, al mismo tiempo, hacerla significativa para hombres de distintas generaciones.

La Masonería Tradicional no se conserva solamente mirando hacia el pasado.

Se conserva cuando el pasado se estudia con rigor, el presente se vive con responsabilidad y el futuro se construye sin renunciar a los principios esenciales.

En Antioquia, esa tarea continúa.

Y Medellín, con su historia, su carácter y su vida cultural, sigue siendo un escenario natural para que la Masonería dialogue con el conocimiento, la cultura, la fraternidad y el servicio.

Porque una tradición verdaderamente viva no necesita gritar que existe.

Se reconoce por la manera en que sus hombres trabajan, estudian, se comportan y sirven.

 

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